Cómo actuar ante las heridas

Se acerca el verano y es tiempo de disfrutar de las horas de luz y del aire libre. Con este incremento de la actividad suelen producirse pequeñas heridas en la piel, sobretodo en los más pequeños que corren, saltan, etc.

La mayoría de las  heridas suelen producirse en las extremidades como rodillas o, codos.

¿sabemos cómo actuar?

1.- Antes de actuar, es importante lavarse las manos con agua y jabón.

2.- Observa si hay dolor, hemorragia, el tipo de herida que es y su extensión.

3.- Conviene conocer la causa para saber qué hacer: por ejemplo, las mordeduras necesitan atención médica no inmediata.

4.- Observa la hemorragia: si la sangre es más oscura y sale a impulsos es sangre arterial, más grave. En ese caso acude rápidamente a un centro de salud para ser atendido.

5.- Si existe hemorragia se debe presionar con una gasa estéril. En caso de no tener una a mano, presiona con un paño.

6.- Comprueba si hay objetos extraños en la herida (arena, cristal…), pero no los extraigas.

7.- Una vez que la hemorragia ha parado, cubre la herida prestando atención a que no se adhiera, y vigilando que no vuelva a sangrar. Si dispones de algún gel bacteriano a mano aplícalo.

 

¿Qué no debemos hacer?

1.- No hagas nunca un torniquete, porque podría provocar la necrosis del miembro.
2.- No soples sobre la herida ni la dejes al descubierto porque podría infectarse.
3.- No saques los objetos extraños de una herida. Podría estar taponando una hemorragia y es peor sacarlo que dejarlo.
4.- Si aplicas presión sobre una hemorragia, nunca quites la gasa que esté en contacto con la herida, ya que puedes romper la capa que se está creando para detener la hemorragia

APOSITOS

La función principal del apósito es la de proteger y aislar la lesión. Además, este tipo de coberturas debe favorecer la cicatrización generando un ambiente óptimo que mantenga la humedad, el calor, la oxigenación y la circulación sanguínea.

Existen múltiples tipos de apósitos en el mercado. Se habla de «apósitos primarios» cuando se encuentran en contacto directo con la herida, protegiéndola ante gérmenes patógenos, absorbiendo las secreciones y preservando la humedad, y de «apósitos secundarios» cuando no se aplican en contacto directo con la lesión, sino que se encargan de fijar los apósitos primarios.

Por otro lado, entre los apósitos primarios existe una amplia clasificación en función de los materiales empleados y sus características. Podemos distinguirlos en cuatro tipos básicos:

Apósitos pasivos. Son simples y económicos. Sus propiedades son las de proteger y absorber secreciones. Los materiales empleados son: gasas tejidas 100% algodón; no tejidas sintéticas, o apósitos tradicionales a base de gasa y algodón.

Apósitos interactivos. Logran mantener unas condiciones de humedad idóneas semejantes a las fisiológicas, sin adherirse a la lesión. Las más utilizadas son: la malla impregnada de gelatina o silicona, la espuma hidrofílica (en láminas y almohadillas) y los apósitos transparentes (con o sin material adhesivo).

Apósitos bioactivos. Interactúan con la herida ya que, además de conservar la humedad, permiten la oxigenación. Se engloban en este grupo los hidrocoloides, hidrogeles y alginatos.

Apósitos mixtos. Combinan diferentes niveles de permeabilidad y distintas características. Son los apósitos antimicrobianos desodorantes y los absorbentes.

La elección del apósito idóneo se debe hacer en función del objetivo buscado, tras considerar la localización de la herida, su estadio, su severidad, la cantidad de exudado y la presencia o no de signos de infección. Es fundamental que el apósito empleado sea biocompatible, y que proteja el lecho de la herida y mantenga su adecuado grado de humedad. Además, deberá conservar la sequedad de la piel circundante y la temperatura corporal, eliminar y controlar los exudados y minimizar los residuos. Por último, se tendrán en cuenta su adaptación a la ubicación y su facilidad de aplicación y retirada.

 

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